jackson

Manzanas y mucho más

 

El huerto de Jackson, por Katie Alberts

<¡Tía, mira!> exclamó mi sobrina. Ella corrió con su mano estirada en dirección a una gran calabaza. <¡Es más grande que yo!>

Yo le sonreí y pensé qué bonito era tener la oportunidad de ver el proceso de crecimiento de las frutas tan cerca del hogar. Estábamos en un campo de calabazas, una de las diferentes experiencias que se puede experimentar en el Huerto de Jackson en Bowling Green, KY.

 

Mi sobrina y yo visitamos el huerto durante octubre cuando tiene su Festival de Calabazas. Mi sobrina tiene cuatro años y vive en la ciudad. Nunca ha andado por un campo ni ha cogido su propia comida de la tierra. Tenía los ojos muy abiertos para ver cada cosa de este nuevo mundo, y ella quería probarlo todo.

 

La primera cosa que vio fue un castillo hecho de paja. Tenía puertas y ventanas, y los niños podían subir y deslizarse desde el castillo. Mi sobrina jugó muy bien hasta que vio los animales del jardín zoológico. Acariciamos las llamas, las cabras y los caballos. Tuvimos la oportunidad de montar en los caballos, pero era suficiente para mi sobrina mirar los grandes animales.

 

A causa de toda esta emoción, teníamos hambre y el festival presentó un montón de maneras comer manzanas. Nosotros comimos las manzanas con caramelo, pero ofrecían jugo de manzana, postre de manzana, salsa de manzana y manzanas secas.

Con fuerzas renovadas, fuimos a perdernos en el laberinto de maíz. Yo tenía un poco de miedo de caminar sin dirección con la hija de mi hermana, pero afortunadamente, encontramos la salida.

 

Después del laberinto queríamos descansar, por eso compramos boletos para montar el en el carro de heno arrastrado por un tractor al campo de calabazas. Pasamos árboles y otras plantas, y finalmente nos bajamos del carro en la tierra. Las parras rizadas de las calabazas ya no podían proteger las esferas anaranjadas. Mi pequeña sobrina estaba atajada a las más grandes, pero yo le dije que sólo podía tener una que pudiera llevar. Por eso, ella eligió una calabacita de su talla y subimos al carro otra vez.

 

Ya habiamos hecho casi todo del festival, sin embargo, tenía que comprar manzanas frescas para hacer salsa de manzana. Fuimos a la tienda del huerto. Allí venden varios tipos de manzanas y otras cosas también. Había mermeladas, jugos, mieles, dulces, frutas, verduras y velas. Olía tan bien que mi sobrina quería poner su nariz en todo. Me ayudó a elegir las manzanas perfectas para hacer salsa de manzana, y me convenció a comprar dulces para nosotras.

 

Fue un buen día con mi sobrina. Aprendimos mucho sobre de dónde viene nuestra comida, pero lo más importante, yo aprendí mucho de mi sobrina y lo que le pone una sonrisa en la cara. El Huerto de Jackson es un tesoro de Bowling Green. La familia Jackson ha producido productos agrícolas desde los años 40. Por la oportunidad de pasar un rato en su campo, ahora comprendemos más la cantidad de trabajo y de cuidado que es necesario para darnos de comer a nosotros. Quiero agradecerle al Huerto de Jackson porque ahora mi sobrina entiende que su cena no aparece en el mercado, sino que viene de la naturaleza. Reconocer eso es una lección muy importante para el futuro.

Fotografía de Sarah Dudick