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EL FESTIVAL INTERNACIONAL

El Festival de Bowling Green: ¿Vida?, por Adam Ayer

Tranquilo, largo y serpenteado era el callejón el sábado por la mañana cuando paseé del aparcamiento hasta el café para mi ritual de tomar café. El Café de Spencer era el café para el ritual semanal. Situado al lado de la plaza, el café era un oasis de soledad y aún fuera había muchas personas que se arremolinaban. Un festival comenzaba sus actividades para el día. Pueblos de todo el mundo llenaban sus puestos respectivos con cosas de su patria cuando los residentes de la ciudad comenzaron a llenar las calles con ruido y vida - las culturas comenzaron su intercambio de trajes y tradiciones. El Festival Internacional de Bowling Green, Kentucky estaba en marcha y mi ritual del sábado había sido interrumpido cuando fui atraído fuera de la cafetería por los sonidos de la música en los escenarios comenzaban su programa para el día.

Salí por la puerta alta e histórica del Café de Spencer y fui transportado desde la soledad oscura de la atmósfera en el café a la luz del sol brillante del día despejado de septiembre. La plaza que es ya pintoresca normalmente, se transformó en un festival internacional lleno de vida e intercambio cultural. ¡Qué extraño puede ser que simplemente trasladarse unos pasos de tu silla puede cambiar tu mundo!

Cuando paseaba por el festival, vi a gente de todas partes del globo – Irlanda, las Filipinas, Cuba, China, Taiwán, Japón, Vietnam, Corea, España, Kenia, Bolivia, Ecuador y muchos países más. Ellos me dijeron que había más de 24 países representados en el festival. Muchos de los que estaban representando su patria eran estudiantes en la Universidad de Western Kentucky que viven en Bowling Green durante su educación aquí.

Cuando dejé el café yo no tenía ninguna intención de ser algo más que un observador de las actividades del día aún cuando la vida del festival se infiltró en mí y yo era incapaz de simplemente pasear . La música que venía del escenario infiltraba no sólo la atmósfera sino también a mí, y yo era incapaz de dar un paso rápido alrededor de la plaza antes de empezar a hacer cosas "útiles" para el día.

La vida del festival era contagiosa y evidente en las acciones de otros también. La música no permitiría que sus oyentes estuvieran inmóviles. Las caderas comenzaron a moverse y muy pronto un baile improvisado ocurrió a la sombra de los robles grandes que cubrían la plaza alrededor de la fuente. ¡Qué vida había en este festival!

No planeé comprar nada, pero las cosas de los vendedores comenzaron a llamar a aquellos estaban visitando el festival. Las historias de sus orígenes eran historias que no le permitirían pasar sin al menos escuchar. Había estatuas de Kenia, cestas de otra parte en África por SIFE (Students in Free Enterprise), artículos hechos a mano de lana de alpaca de Bolivia y tapicerías de Pakistán entre muchas otras cosas.

¡¿Cómo podría elegir dónde gastar mi dinero?! Mi compra fue un retrato pequeño de una montaña en lana de alpaca del puesto boliviano. No podía decir no porque los colores vivos y la buena cálida me llamaron. También las sonrisas hermosas de las propietarias del puesto me convencieron a comprar un retrato.

Cuando salí con mi compra mis sentimientos sobre este festival que interrumpió mi rito del sábado habían cambiado y ya no quería largarme a toda prisa a fin de completar las cosas "útiles" que yo tenía que hacer. Paseando por el callejón tortuoso hacia el aparcamiento comencé a pensar. La vida y un intercambio cultural pasan en el festival. ¿Significa esto que este lugar gana otra identidad un sábado normal por la mañana cuando estoy solo en mi ritual semanal